Sale a la venta la mítica discoteca Evento de la Pobla de Vallbona por 1’5 millones de euros

La sala fue el epicentro de la fiesta y el baile en el Camp de Túria durante más de 30 años.

El nombre primigenio con el que se la conocía era Galaxy, modificado más tarde por el de Evento. Situada junto a la urbanización la Rascanya de la Pobla de Vallbona, durante más de 30 años ha sido el epicentro de la música, lugar de peregrinaje para los amantes de los ritmos vertiginosos y emblema de la denominada ruta del Bakalao que allá por los años 90 puso el nombre de la Comunitat Valenciana –y más concretamente el de la Pobla de Vallbona- en el mapa y en el circuito de la diversión y el desfase. 

Posiblemente, si sus paredes hablasen de todo lo que allí se ha cocido durante tantas y tantas jornadas de juerga y jarana, los cimientos sociales se resquebrajarían hasta límites indescriptibles. Como siempre se dice en estos casos, lo que pasaba en su interior se quedaba allí. Nada trascendía de lo que entre sus habitáculos ocurriese. Su historia daría para escribir un libro o unas memorias completas en una suerte de radiografía social que podría servir, perfectamente, para trasladar a las generaciones más jóvenes sobre todas las cosas que sus padres hicieron entre sus paredes.  

Reunión de jóvenes y mayores, con solo pronunciar su nombre miles de personas que superan hoy en día los 45 años evocan recuerdos de sus míticas sesiones de los sábados por la tarde y noche. Sinónimo de interminables horas y horas de música y diversión, Galaxy o Evento –como ustedes prefieran- forma parte ya de la historia de la música más allá de la Comunitat. Su zona de aparcamiento se veía siempre desbordada en cada una de sus sesiones hasta el punto de inundar de coches la antigua carretera comarcal 234 que en aquellos años enlazaba los pueblos de Llíria, Benissanó y la Pobla y la convertía en un área de obligada asistencia.    

La conocida Galaxy destellaba por aquel entonces una fuerza y un derroche inigualable para muchas generaciones que se criaron a su vera a la búsqueda de la diversión en una comarca que, históricamente, ha sido abandonada a su suerte por las autoridades políticas autonómicas. Para la Pobla de Vallbona, se convertía en una referencia turística y en el polo de atracción de miles y miles de jóvenes llegados de cualquier punto de la Comunitat y de otros lugares y zonas de toda España. 

Sin embargo, los cambios de usos y costumbre, diferentes visiones empresariales, la llegada de la crisis tras los años del boom urbanístico y las transformaciones sociales dieron al traste con este emblema de la Pobla. No era un museo, pero seguramente era mucho más conocido en muchos segmentos sociales que cualquier pinacoteca que se precie. A pesar de las decenas de intentos empresariales –infructuosos todos ellos- por levantar el vuelo de esta discoteca, nunca más alcanzó la fama y la relevancia que cosechó durante décadas. Su venta es la defunción de una muerte anunciada. Hace tiempo, mucho antes de las últimas intentonas por salvarlo, se llegó a especular con su posible transformación en un supermercado –precisamente enfrente y muy cerca de su ubicación se ha instalado ahora uno- pero nunca se llegó a concretar ninguna iniciativa adecuada. 

Detalle de la venta

Su puesta a la venta en un conocido portal inmobiliario ha sido recibida entre mezclas de indiferencia e incredulidad. Su presencia forma parte inexorable del paisaje entre urbano y rústico de su enclave exterior. La oferta de la propiedad solicita un pago de 1’5 millones de euros por su enorme potencial que atesora en su interior. Cimentada sobre una parcela de suelo terciario y urbano de 6.452 metros cuadrados, una construcción de 1.505 metros cuadrados da paso a tres pistas de baile, varias terrazas, baños de hombres y mujeres, oficinas, zonas de almacenaje, zonas de barras y recinto de pub….su potencial es incombustible. 

Entre la descripción del anuncio se advierte de que se puede reconvertir en un restaurante con salas de bailes u otros negocios como supermercados –a pesar de que existe ya uno muy cerquita- o tiendas comerciales. Los interesados por salvar una marca insustituible y a los amantes del fetichismo tendrán que rascarse bien los bolsillos con los referidos 1’5 millones de euros -997 euros el metro cuadrado- que cuestan sus instalaciones. Atrás quedan los recuerdos de una época entrañable que ya nunca más volverá.

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