La Pobla de Vallbona: debate encorsetado y soporífero televisado para un domingo por la noche

Un tostón de más de dos horas en Telepobla ahonda en las malas relaciones entre gobierno y oposición.

Sobre un fondo negro y un escenario sobrio en la Casa de Cultura, el debate político televisado con ocasión de la nueva “normalidad” derivada del Covid-19 fue algo más parecido a un acto habitual de una campaña electoral que a una confrontación de modelos ágil y fresca de los partidos que forman parte del pleno municipal sobre la actualidad diaria local. Desde la escenografía hasta el minutado de cada intervención, todo estaba controlado al milímetro para que, al final, en ningún momento nadie se saliese de las directrices marcadas. Para ello, se valieron de una división por bloques temáticos en la que cada partido podía exponer sus ideas y de un cronómetro que avisaba del uso de los tiempos de cada portavoz. La presentadora pasó desapercibida, el mejor síntoma de que actuó con ecuanimidad, más allá de la idoneidad o no del formato elegido, y, por tanto, no tuvo trascendencia sobre el resultado final de los contendientes. Más de dos horas de debate tedioso y repetitivo del que no surgieron grandes conclusiones, ni sobre los temas ni sobre los liderazgos. Cada bloque precedía de un vídeo explicativo que introducía las claves sobre el tema a tratar. 

Las políticas de movilidad que han causado tanta polémica en las redes sociales y en la opinión pública local, la revisión de un plan general que se retrotrae hasta el año 2006 y todavía no se ha adaptado a la realidad actual y, por último, un análisis de la gestión del gobierno municipal sobre la covid-19 fueron los tres grandes bloques sobre los que se estructuró el debate político. Sin embargo, queda en el tintero conocer por qué se escogieron estos tres temas y no otros o por qué no optó por un debate más abierto al margen del uso estricto del cronómetro. Tampoco se entiende por qué no se avisó a todos los portavoces sobre el decorado que presidiría el acto, de tal forma que cada uno de ellos pudiese elegir su vestuario. No en vano, el portavoz de Contigo, Jaime Ruix, acudió con una americana oscura que se fundía sobre el fondo negro y remarcaba un estilo excesivamente serio para alguien que no excede las dos décadas de vida.  Así, mientras que los hombres optaron por unos tonos azules, las mujeres se decidieron por unos colores estampados o más llamativos, rosáceos o granate. 

La fórmula escogida por los organizadores del acto para centrar en un solo tema cada uno de los bloques convirtió en estrella a cada delegado y a su área de gestión. Así, en la primera fue Jaime Ruix, delegado de movilidad, el protagonista de la fase inicial o a Juan Aguilar, el concejal de urbanismo, en el centro de adel tención de la segunda mitad. Solo la tercera parte, la correspondiente a la gestión de la crisis sanitaria, permitió diluir más los protagonismos en beneficio del carácter general. A su vez, cada bloque se estructuraba en una primera ronda en la que cada portavoz introducía una exposición de un minuto de duración seguida de una segunda ronda que se estiraba hasta los tres minutos. La tercera intervención servía para cerrar los temas a modo de conclusión final. Por momentos, el debate era lo más parecido al desarrollo de las sesiones plenarias, con la única salvedad del carácter moderador del alcalde. Poca naturalidad y muy pocas ocasiones para converitrlo en una verdadera confrontación de modelos.  

Perfil político

Una vez más quedó demostrado que todavía se están perfilando los papeles que se van asignando cada uno de los portavoces de cada formación política y el recorrido que tienen por delante. Jaime Ruix exhibió músculo dialéctico y desparpajo en algunas las fases del debate,  combinado con el nerviosismo propio de un principiante con alguna falta de conocimiento del contenido tratado,  y ante los embistes y ataques de la oposición, centrada en desgastarlo a través de una identificación de este partido con los planteamientos de los partidos de la izquierda. Juan Aguilar trataba de construir un discurso propio singular frente a los planteamientos del alcalde, Josep Vicent Garcia, y la portavoz del PSPV, Regina Llavata, dos de los políticos cercenados por su larga trayectoria en política. A ésta última, los nervios la llevaron a desmarcarse o querer alejarse de municipios de tradición socialista como Paterna, Elx o Torrent cuando trató de dibujar un urbanismo sostenible y equilibrado.   

En los partidos de la oposición, por su parte, queda por descubrir quién podrá sacar el máximo rendimiento o rédito electoral en un futuro ante un gobierno al que quieren etiquetar en todo momento de “radical” y “autoritario” cuando describen o juzgan su forma de actuar. El portavoz de Vox se mostró, por momentos, confiado en su capacidad de confrontación dialéctica mientras que la portavoz del PP intentó mostrar su colmillo para dividir al equipo de gobierno y recordar su aval de gestión al frente del ayuntamiento. En ocasiones, se notaba poca naturalidad en las exposiciones de unos y otros que debería llevarles a reconsiderar en las fórmulas a utilizar en futuras intervenciones televisivas. Se echó en falta una mayor naturalidad en el desarrollo de lo que pudo llegar a ser un debate y no cuajó.

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