La Finca de los Horrores en la Pobla de Vallbona: la Cens languidece tras casi 50 años entre toneladas de basura, montones de escombros y abandono

Los informes municipales detallan la dejadez que históricamente ha sufrido este emblemático inmueble que se remonta a los primeros años de los 70

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La historia de la Cens es sinónimo de trifulcas, problemas, estigmatizaciones, guetos y lugares prohibidos. De olvido, de dejadez, de abandono y de ninguneo. De personas marcadas por una vivienda, de personas señaladas por la calle, de personas ajenas a su propio destino, de personas desamparadas por un mismo sistema y de personas que no hallaron otro lugar para vivir que en la Cens. A cualquier persona que se atreviese a pronunciar la palabra Cens –que toma su nombre porque en los bajos de este edificio en el momento de su construcción se instaló la Central Nacional Sindicalista (CNS) de La Pobla de Vallbona (sindicato “vertical” franquista)- se le colocaba inmediatamente una etiqueta estigmatizadora –imaginaria claro- sobre su origen, su familia y su vida.   

La trayectoria vital de la Cens no puede pasar indisoluble al acerbo que arrastra la Pobla de Vallbona a lo largo de los años. Muchas familias han pasado por allí desde que en el año 1972 se obtuvieron las primeras ocupaciones de las viviendas. Pocas personas desconocen la existencia de este edificio casi cincuentenario, pero son escasos los que se han empapado de lo que se ha vivido tras esas paredes que a día de hoy amenazan con la ruina total. 

L’Actualitat se adentra en uno de los edificios más conocidos popularmente, pero al mismo tiempo y paradójicamente más desconocidos en la realidad. Los informes municipales que se han elaborado para estudiar una solución a un futuro lúgubre y cochambroso como sus paredes actuales son demoledores y no dejan lugar a dudas. Demolición y cuenta nueva. Esa es la conclusión principal. Los años que han transcurrido desde que las primeras señales producían unos destellos fugaces que avisaban de su deterioro no sirvieron de escarmiento para una clase política que prefirió continuar su camino y mirar para otro lado en lugar de coger el toro por los cuernos y encarar una solución factible y real a un problema que no por esconderlo deja de existir. 

Una visita por sus pasillos, sus escaleras rotas y con socavones, sus paredes sucias y mugrientas, sus puertas descolocadas de los marcos, la basura esparcida a lo largo de metros y metros de azulejos antiguos que atesoran años y años de historia o ventanas arrancadas literalmente sin piedad. Son algunas de las estampas que cualquier extraño al lugar se encuentra en cuanto pisa la Cens. El edificio carece desde hace tiempo de los mínimos servicios básicos para intentar sobrevivir. La sola palabra vivir ya supone un exceso. Ni agua potable, ni luz eléctrica ni alcantarillados. Lo más parecido al paso de una guerra mundial. Así se presenta este edificio ante cualquier visitante que intente adentrarse en sus recovecos. La basura que literalmente se puede apreciar en algunas estancias, con su correspondiente fauna, es la carta de presentación. A pesar de todo, hasta 7 personas se han llegado a contabilizar que ocupaban algunas de las 49 viviendas de las que consta la Cens. Algunas de ellas vivían en los primeros pisos, otras en la mitad y el resto en los últimos apartamentos. Sin embargo, la mayoría de las personas que pasaron allí su vida se marcharon ya hace tiempo en busca de una mejor estancia. 

Un burro en el ascensor

Las anécdotas que se han sucedido a lo largo del casi medio siglo que acumula de vida la Cens quedarán atrás si se recuerda aquella cuyo protagonista era un burro y uno de sus inquilinos se empeñó en subirlo a través del ascensor. Se dice que, después de una lucha por ajustarlo a las dimensiones del ascensor, pudo cumplir su deseo. Entró con él a su vivienda. Lo que pasó a continuación no se sabe. Seguramente sus añejas paredes tienen la solución al misterio. Sin embargo, más allá de mito o realidad, este episodio del burro y este intrépido vecino –una anécdota popular y graciosa- son propiedad indefectible de la historia de un municipio que vivió durante años de espaldas a la realidad. De unos políticos que dejaron pasar la oportunidad para resolver este problema de más de 4.700 metros cuadrados de extensión y que les llegó a explotar en sus manos.

3 Comments

  1. No entiendo el fin de esta publicación, que quieren que le pongamos agua corriente y luz a los ocupas? Y un ascensor al burro? Por mi se pueden pudrir en la miseria

  2. Hay un error importante en el artículo, la CNS no es nada que haga referencia al censo. La CNS es el acrónimo de Central Nacional Sindicalista.
    Nada más acabar la guerra, fue el único sindicato donde debían apuntarse todos los españoles, evidentemente franquistas, aunque el sindicato era de Falange Española de las Jons. Todos los partidos que no fuera la CNS quedaron ilegalizados y la CNS “representaba” los intereses tanto de los trabajadores como de los patronos, solo hay que recordar Sindicato Vertical.
    En los bajos de este edificio, en el momento de su construcción, se instaló la Central Nacional Sindicalista (CNS) de La Pobla de Vallbona, ese es el origen del nombre de las CNS.

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