El urbanismo en la Pobla de Vallbona: vivienda de 106 metros cuadrados, accesos por caminos de tierra, casas construidas en suelo rústico y todo por 41.200 euros

L’Actualitat se adentra en las consecuencias históricas del urbanismo local

Durante años, la política urbanística de la Pobla de Vallbona consistía, básicamente, en construirse una “caseta de aperos” en zona rústica, en el interior de una parcela de notables extensiones, cimentar la edificación con una planta baja y, en algunas ocasiones, complementada con una primera altura o altillo, un jardín variado y, como colofón, una piscina para bracear en los meses tórridos y calurosos del verano valenciano. Naturalmente, la licencia urbanística que se había solicitado, previamente, en el ayuntamiento no contemplaba esa cantidad infinita de comodidades. Ni mucho menos. Al contrario, las posibilidades de la citada licencia reducían en mucho las prestaciones que, finalmente, el propietario de la parcela había conseguido para él y para su familia. La solución pasaba por pagar una multa económica, tal y como desde el consistorio les había advertido ya, que validaba cualquier intención de la administración por la demolición o cualquier otra opción drástica ante la magnitud de esta aberración. Así, durante años y años, década tras década, y generación tras generación, una localidad como la Pobla de Vallbona ha ido conformando su territorio. El resultado, sin embargo, son los cientos de chalés que han permanecido durante años al margen de la legalidad urbanística y legal vigente. Carentes de los servicios más básicos como asfaltado de calles, alumbrado público y conexión a la red de alcantarillado. La situación no es ni mucho menos perteneciente al pasado. Actualmente, muchos chalés y construcciones continúan ensimismadas en esa situación. Sin embargo, pagan sus impuestos al ayuntamiento a pesar de la falta de servicios. El problema ahora es la fórmula pactada y consensuada entre administración local y propietarios para dotarlos de todos los servicios. 

A pesar de todo, son numerosas las construcciones que permanecen huérfanas de cualquier comodidad, amparadas en los años de permisividad y dejación que imperó en la localidad. Un rastreo por las principales empresas inmobiliarias que operan en la Pobla de Vallbona es suficiente para constatar esta realidad. De hecho, en algunas de ellas se anuncian a día de hoy ofertas de venta de casa o chalet sobre suelo rústico por un valor de 41.200 euros, con una parcela de 3.119 metros cuadrados y, por último, 106 metros de vivienda construida. Ubicada en una zona rural a la que se accede a través de caminos de tierra, la vivienda consta de una habitación, un baño y una certificación energética en proyecto. A sus alrededores, varias urbanizaciones se levantan tímidamente para conferir un aspecto más legal al resto de construcciones. La partida del término municipal se circunscribe al Safareig, una de las zonas más olvidadas históricamente bajo el yugo del poder omnímodo de las diversas administraciones públicas. Existen otros casos, como el de una vivienda a medio construir, en plena montaña también, que invita al posible comprador a finalizar las obras para poder habitar en ella. En este caso, la construcción ocupa un total de 84 metros cuadrados, con tres habitaciones y un montante total de 48.000 euros. Pla dels Aljubs es la zona de su ubicación y 1.038 metros cuadrados son las prestaciones globales. 

Este dibujo urbanístico se completa con la situación que se vive en otras viviendas, como las de la Finca de la Cens, donde proliferan los apartamentos de hasta 20.000 euros para su venta, a pesar de que se trata de un edificio que se ha declarada en ruina por su lamentable espectáculo. De hecho, todavía no hay plazos concretos y determinados para emprender la rehabilitación del edificio. Sin duda, el aspecto más esclarecedor del urbanismo que se ha promocionado a lo largo de los últimos lustros.  

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