El mirador del Tos Pelat languidece ante el olvido municipal

El patrimonio municipal no pasa por el mejor momento

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El grado de sensibilidad de los pueblos se mide, en gran parte, por el cuidado que hace de su pasado. Parece, sin embargo, que en el caso de la Pobla de Vallbona el patrimonio municipal no pasa por el mejor momento. Al menos, determinados espacios que en su momento fueron objeto de una remodelación o de un nuevo proyecto como reclamo turístico a modo de imán de visitantes languidecen ante la despreocupación de las autoridades. La sociedad civil asiste, impávida, ante esta tendencia que a poco a poco marchita el sentir de un pueblo. “La veu d’un poble”, sería un buen lema. El caso del mirador y el sendero del Tos Pelat –ubicado en el área norte, en una partida del mismo nombre- es paradigmático. 

La mejor forma de demostrar una opinión es avalarla con hechos, con datos y con aspectos irrefutables. Un recorrido por el trayecto original es suficiente para comprobar el escaso éxito de este proyecto turístico en una localidad donde, históricamente, este sector económico intenta despegar, aunque con escaso éxito. De hecho, no hay que olvidar que bajo mandato del Partido Popular (2007-20015) se solicitó a la Generalitat la consideración de la Pobla como ciudad turística, una clasificación que abre la puerta a la llegada de subvenciones y ayudas económicas por parte del resto de las administraciones públicas. A día de hoy, por cierto, esperamos aún la respuesta oficial. La misma que espera el Tos Pelat de las autoridades. 

De entrada, en el casco urbano brillan por su ausencia los carteles que a cualquier ufano en la materia le podrían indicar que existe un paraje como el Tos Pelat, en cuya cima –la más alta de la localidad- se levanta un mirador envidiable que permite contemplar el término municipal, sus excelencias, sus rasgos intrínsecos y los lindes limítrofes con otras localidades. 

El paraje de la Manguilla también carece de carteles indicativos en el casco urbano. Los pocos que hay están borrados.  

Ausencia de indicativos

Para acudir al lugar necesitamos la ayuda de algún lugareño, tomamos la conocida carretera de la Casa Blanca y enfilamos hacia el Tos Pelat. Tras rebasar el conocido pozo de agua de la Inmaculada, debemos ir con cuidado, reducir la velocidad y girar a la izquierda por una calle bastante deteriorada en cuya entrada nos recibe una señal borrada en la que con la ayuda de un microscopio y técnicas caligráficas se puede suponer escrito el Tos Pelat. Continuamos circulando por una pendiente hasta una cima a medio asfaltar –ya saben, el resultado de los años de vorágine urbanística- donde nos asaltan las dudas sobre el camino a seguir para llegar al mirador. Por una cuestión orientativa, llegamos a un punto en el que una antigua estructura desvencijada nos hace pensar que anunciaba en su tiempo el Tos Pelat.  Andamos un buen trecho por una zona escarpada por un sendero repleto de piedras, descuidado y sin ningún tipo de señalización. Cuando estamos a punto de desistir al pensar que nos hemos equivocamos divisamos un área diferente. Lo hemos encontrado: el mirador. Un respiro tras una buena caminata.

Al llegar sabemos que no estamos equivocados porque lo conocíamos de otras veces, pero tampoco hay nada que nos lo ratifique. El panel vertical que preside uno de los lados está borrado completamente, síntoma de que por allí no se acerca nadie. Ni políticos ni técnicos. Nadie.

Lejos queda ya el año 2010 cuando una inversión del denominado Plan Zapatero dotado con 11.994 euros confirió al lugar un aspecto inusual. Un enorme reloj solar en el suelo da un sentido campestre al Tos Pelat. Desde su puesta en marcha parece que pocas tareas de mantenimiento se han llevado a cabo. La pena es que a este ritmo el Tos Pelat ha dejado de existir. La piedra está en manos del gobierno municipal. 

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