El cura que confesaba vestido de militar en la Pobla

El Padre José María Pelecha Ciurana, Carmelita Descalzo.

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Seguramente, es una historia desconocida para muchos poblanos. Lo cierto es que el bagaje que se forja en un pueblo día a día pasa desapercibido para una gran mayoría. Existe una doble realidad: la que describen los políticos y sus asesores y la otra realidad, la que se vive en la calle, la que se encargan de protagonizar sus habitantes con sus episodios, los buenos y los malos. Sin embargo, muchas historias quedan soslayadas por la estulticia de los gobernantes que se encargan de difuminarla con métodos insospechados. El problema de las sociedades actuales radica en la imposibilidad de que se puedan sacar a la opinión pública las versiones alternativas a la verdad oficial, esa que el poder político quiere imponer a la gran mayoría de los habitantes de un municipio. Paradójicamente, en un momento en el que existen tantos medios de comunicación y mayores medios de expresión con las redes sociales se vislumbra una mayor hegemonía de la verdad oficial y un ninguneo imparable ante la otra realidad.

En la Pobla de Vallbona, quizás pasó desapercibido para una gran mayoría de vecinos y vecinas, pero no deja de ser curioso. Ocurrió a finales del año 2010. En plena crisis económica, incipiente en puertas de los peores años del ciclo, y con una aprobada ley de la memoria histórica que incitaba a los ayuntamientos a adaptar el callejero a la democracia y desterrar el nomenclátor que hacía referencia a épocas pretéritas que en nada podían ayudar a avanzar en el proceso democrático, primero con la muerte de Franco (1975) y luego con la aprobación de la actual constitución (1978). Por eso, en esos años, con amplias mayorías absolutas encabezadas por la alcaldesa Mari Carmen Contelles, del Partido Popular, el Ayuntamiento de la Pobla debía adaptar algunas de las calles de su callejero, aunque no con la rapidez y la convicción que el ordenamiento jurídico recogía en su planteamiento.

Una de esas calles era la de Falange Española, ubicada en la parte del conocido como poble, la parte baja geográfica de la Pobla, en el área sur del casco urbano. Su sustituto debía ser la del Padre José María Pelecha Ciurana, Carmelita Descalzo. Un informe de los técnicos municipales avalaba la citada modificación, con amplias reseñas a la vida del citado prelado. Bautizado en marzo de 1913, pronto ingresó en el colegio Teresiano de Castelló, donde ingresa como aspirante y, a continuación, regresa a Valencia para terminar los cuatro cursos de humanidades, donde se le impone el título de Carmelita Descalzo.

Los lugareños recuerdan que una vez acabada la guerra civil (1936-1939), el carmelita se sentaba todos los días en el confesionario de la parroquia vestido de soldado o de calle para atender a los feligreses que se acercaban a penar historias. Un episodio que no deja indiferente a nadie y que se aprobó con todos los honores posibles a finales del año 2010, gracias al reglamento de rotulación de las calles que permite estas distinciones a personajes de reconocido prestigio o reconocimiento “por sus merecimientos o servicios extraordinarios”. Con la mayoría del Partido Popular y la aquiescencia del PSOE y de Compromís –hoy en el gobierno local- se dio el visto bueno al cambio de la rotulación.

1 Comment

  1. Cuando mostramos artículos en donde recreamos la historia pasada, hemos de ser ecuánimes y ciertos, sin exagerar nuestras manías, ni ensalzar nuestros gustos. Cosa que la persona que ha realizado el articulo no puede evitar faltando a la verdad del personaje al que se refiere.

    Nuestro vecino Jose Maria Pelecha Ciurana, hijo de una familia católica ejemplar en la Pobla de Vallbona, ingresa de novicio en los carmelitas de Castellón, pasando al convento de la Calle Alboraya de Valencia, de donde ha de salir corriendo cuando se proclama la república pues es el primer convento de las tierras valencianas al que le prenden fuego los revolucionarios….. volviendo a trabajar en su restauración cuando todo se calma. De donde pasa a Zaragoza y allí recibe las ordenes religiosas, precisamente el día antes del alzamiento de los militares que se oponen a los revolucionarios.

    Su familia que ha ido a Zaragoza en el camión de Cuallao, que conduce el Negus, han de salir de la ciudad avisados de que una tragedia está a punto de iniciarse. Y así es, quedando los frailes de Zaragoza militarizados como soldados y con ellos Jose María, que es herido y retirado a un hospital de donde sale reclamado como castrense pues Zaragoza queda en el lado de los nacionales.

    Explicar toda la historia vivida durante la guerra del pater José María, que la inicia de soldado y la termina de pater del Regimiento Lusitania de Caballería, es cosa imposible, pues sabiendo que en su pueblo han fusilado a su hermano, él se dedica a atender a todos cuantos se lo piden. Terminando la guerra en los cuarteles de Betera donde llega el Lusitania, y de donde viene a su pueblo con el uniforme reglamentario, donde confiesa a cuantos se lo piden, y en ejemplo cristiano avala incluso a quienes han participado en el fusilamiento de su hermano.

    Cuando el ejercito lo licencia, condecorado por dos veces en su conducta ejemplar cristiana, regresa a Benicasím donde vive vida ejemplar, y en dicho ejemplo pasados los años muere.

    Yo dudo que nadie pueda criticar su vida.

    So. Andrés Castellano Martí.

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