El carril bici de la Pobla de Vallbona del camino de Casa Blanca permanece invadido por las hierbas, la suciedad y el abandono tras su inauguración

Restos de excrementos, plásticos y abandono confieren un aspecto de dejadez municipal.

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Una simple vuelta a pie o en bicicleta son suficientes para constatar que las infraestructuras públicas sufren un abandono o dejadez en cuanto unas autoridades municipales han efectuado ya el acto de inauguración o, al menos, cuando han entrado ya en funcionamiento. A los pocos días, normalmente, amanecen con resto de cualquier tipo en sus alrededores o en la misma ruta ciclo-peatonal. La poca conciencia social –en ocasiones, escasa- junto a un creciente abandono municipal se une para dar paso a un aspecto denigrante y descorazonador sobre el patrimonio público. 

El carril bici que debe unir el casco urbano con la zona norte del municipio de la Pobla de Vallbona está aún lejos de cumplir su misión por cuanto más allá de la antigua Casa Blanca no es posible circular en bicicleta sin el riesgo de los vehículos y ciclomotores a gran velocidad por sus alrededores. Uno de los últimos trabajos acometidos por el ayuntamiento ha consistido en prolongar un tramo del carril bici desde la parte de la ermita de Sant Sebastià hasta la altura de autovía CV-35 a su paso por la Pobla. Precisamente, en ese punto se instaló en pleno estado de confinamiento una espectacular y moderna pasarela para los viandantes y los ciclistas, si bien a los pocos metros concluye el carril y tanto unos como otros deben enlazar con una carretera carente de arcenes y jalonada de peligro en ambos sentidos.     

La llegada del buen tiempo veraniego junto a la avidez de las personas por escapar de la rutina y enclaustramiento sufrido durante tantos meses de confinamiento impulsó a un uso indiscriminado nunca visto de los carriles bici y de todas las infraestructuras que suponen contacto con la naturaleza y con el deporte. Por tanto, el uso de estas instalaciones deportivas es, justamente, una de las piedras de toque para averiguar el grado de civismo y de conciencia propia de los ciudadanos. Los excrementos de perro o de otro tipo de animales han dejado su poso ya en este carril bici en los pocos meses que lleva en funcionamiento y que, en un futuro, debería servir para unir definitivamente el casco urbano con las urbanizaciones del norte del término municipal, una de las más abandonadas históricamente en la Pobla de Vallbona. 

Aspecto tercermundista

Una vez atravesamos el puente instalado sobre la CV-35 el aspecto del carril bici adquiere un aspecto tercermundista. Socavones, piedras, rocas de tamaño respetable, rastrojos, latas de refrescos… la lista es interminables. Desde hace meses no ha pasado por allí ninguna autoridad para adecentar el panorama de uno de los enclaves más conocidos por la población, por cuanto sus alrededores forman parte del yacimiento de la Casa Blanca, protegida en el plan general de ordenación urbana (PGOU) por su valía histórica. 

La estrechez del carril bici y las curvas que en algún tramo presenta no son, precisamente, un aliciente para los ciclistas que, a día de hoy, circulan igualmente por la carretera y los convierte, al mismo tiempo, en blanco de las iras ciudadanas en las redes sociales. Además, el inicio del mismo tampoco presenta un aspecto mucho más gratificante, junto a unas cadenas de prohibición del camino del cementerio y colindantes al área de aparcamiento del centro geriátrico de Sant Sebastià. 

Por último, cabe destacar la ausencia de luz nocturna en uno de los tramos del carril bici –junto a la pasarela de la autovía- ahuyenta de su uso y disfrute en una de las tentaciones más autóctonas de los valencianos: rebajar las cenas con una buena caminata por un área segura y sin ningún tipo de contratiempo. Las llamadas y conocidas “rutas del colesterol” son un acicate para muchas personas y familias en su lucha por mantener a buen cuidado una de las llamadas “enfermedades silenciosas”. 

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